Cada acto devocional es un puente entre tu pecho y el pulso secreto del universo. Cuando preparas una ofrenda, eliges un lenguaje sin vocabulario: la miel narra dulce gratitud, la vela revela tu anhelo ardiente, el vino confiesa memoria y celebración; incluso una simple flor, al marchitarse, enseña al espíritu la belleza de lo efímero. Ofrecer algo es reconocer que nada nos pertenece por completo y, al mismo tiempo, que todo puede adquirir sentido cuando se entrega con intención.
La oración, por su parte, es el aliento que acompaña al gesto material. Orar es pronunciar tu verdad tanto hacia dentro como hacia lo Alto; es inhalar esperanza y exhalar confianza. Puede ser un susurro a medianoche, un canto que vibra en el pecho, un pensamiento que atraviesa la rutina diurna.
No necesitas más templo que tu propio cuerpo, y quizá ciertos rincones, un rincón iluminado por la llama tibia de una lámpara, un jardín recién despertado por la lluvia, ciertamente facilitan el recogimiento.
Cuando ofrenda y oración convergen, el diálogo con lo sagrado se completa: la materia se convierte en símbolo y la palabra en brasa interior.
(Ojo, esta orientado al trabajo del sendero mano izquierda)
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Te espero en la web querida mente curiosa.
Con cariño,
Harriet 🥀
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#Sagrado #oracion #ofrenda
Prohibido menores de edad.




